21 de junio de 2010

10 proyectos de Google que fracasaron

Decir “Google” parece sinónimo de decir “éxito”. Sin embargo, en el debe del gigante de Mountain View también se cuentan algunos proyectos estrellados, que Google justifica por su política de investigar y desarrollar todo tipo de iniciativas.


Decir “Google” parece sinónimo de decir “éxito”. Sin embargo, en el debe del gigante de Mountain View también se cuentan algunos proyectos estrellados, que Google justifica por su política de investigar y desarrollar todo tipo de iniciativas. Sin embargo, no hay que olvidar que son proyectos que llegaron al público, por lo que tuvieron que pasar meses de pruebas y desarrollo. Los productos que triunfan en Google son aquellos que encuentran el equilibrio entre la generación de ingresos y la utilidad para los usuarios. Por tanto, en sus proyectos frustrados, uno de estos elementos debía estar mal concebido. En la revista eWeek encontramos una recopilación con los diez fracasos más sonoros de Google:
Lively: un universo tridimensional en el que los usuarios podían crear un avatar con el que interactuar con otros avatares. No encontró buena acogida ni entre las empresas ni entre particulares, por lo que Google lo cerró a comienzos de año.
SearchMash: una aplicación que permitía reordenar los resultados de una búsqueda, entre otras funciones. El problema es que Google lo colocó en una web independiente, sin publicidad. Cerró el servicio en otoño de 2008, sustituyéndolo por SearchWijki, donde también se pueden modificar los resultados de la búsqueda.
Google Notebook: una especie de bloc de notas que permitía recopilar y organizar información en un documento accesible a través de Internet. Más que suprimirlo, Google ha abandonado este proyecto, apostando por herramientas de funcionamiento similar pero más avanzadas, como Docs, Sites o Tasks.
Google Video: un servicio que dejó de tener sentido en el momento de comprar YouTube, aunque sigue operativo. Google estudia darle otros usos, como ofrecer películas en streaming.
Mashup Editor: una herramienta que también ha quedado obsoleta por otro proyecto de la casa, App Engine. De todas formas, hay mucha competencia en el sector de las plataformas para la creación de aplicaciones, por ejemplo, Amazon Web Services o las ofrecidas por Salesforce.com.
Google Catalogs: ¿a quién se le ocurriría buscar folletos publicitarios en la Red? Sobre todo, cuando Google tiene entre manos una tarea mucho más importante: escanear los libros de todo el mundo.
Dodgeball: una red social para móviles que Google compró en mayo de 2005, que utilizaba la posición geográfica del usuario para localizar amigos cercanos y enviarles mensajes. Junto a Orkut y Zingku, demuestra que las redes sociales no son el fuerte de Google.
Google Print Ads: el proyecto de imprimir anuncios en diarios en papel naufragó como un pez fuera del agua.
Google Radio Ads: más de lo mismo: Google sobrestimó su capacidad tecnológica fuera de su ecosistema habitual (Internet), o bien se topó con la incredulidad o el rechazo de los medios tradicionales.
Shared Staff: un intento de adentrarse en el campo de los marcadores sociales, al estilo Delicious. Su baja aceptación ha llegado a incorporar el concepto al servicio Google Reader.

Los 10 mayores fiascos tecnológicos de la década

Algunos de los lanzamientos de productos y servicios tecnológicos más publicitados y con mayor financiación de la última década han resultado un absoluto fracaso. Productos capaces (en teoría) de generar ingresos millonarios, que no han logrado satisfacer las expectativas generadas.


Algunos de los lanzamientos de productos y servicios tecnológicos más publicitados y con mayor financiación de la última década han resultado un absoluto fracaso.
En algunos casos, han supuesto incluso que las compañías que los lanzaron perdieran su posición de líderes en sus sectores. Y es que ya se sabe que el consumidor –siempre tan exigente- recuerda más un fiasco que diez aciertos.En el blog 24/7 Wall St encontramos un listado con los diez mayores fiascos tecnológicos de la última década. Para ello, se han tenido en cuenta productos o compañías dirigidos a un mercado global, de capacidad equivalente o igual a sus competidores, capaces (en teoría) de generar ingresos millonarios, y que no hayan logrado satisfacer las expectativas generadas.Esta es la relación:


Windows Vista
el sistema operativo de Microsoft que parece condenado a recibir una colleja tras otra. Sus fallos de seguridad, compatibilidad y experiencia de uso han impedido que se considere un producto superior a sus antecesores, lo mejor que se puede decir de él es que ya tiene puesta la fecha de caducidad.
Gateway

este fabricante de PCs nació en EEUU en 1985, y durante dos décadas fue el tercer mayor vendedor en su país, sólo superado por HP y Dell. En 2004 vendía uno de cada cuatro ordenadores en EEUU, pero su decadencia permitió que Acer lo comprara en 2007 por 710 millones de dólares, Su caída se debe a su reticencia a entrar en el mercado de portátiles, su poca agilidad en le mercado corporativo y su fallida entrada en el mercado de electrónica de consumo.
HD DVD

el formato perdedor, lanzado por Toshiba y NEC, en la batalla por el DVD de alta definición, derrotado por el Blu-ray, impulsado por Sony. Aunque al principio adelanto a éste en ventas, la habilidad de Sony para pactar con los grandes estudios de Hollywood la distribución de sus películas en Blu-ray supuso su puntilla.
Vonage

esta compañía fue pionera en la tecnología VoIP, aunque ahora vegeta a la sombra de Skype y los operadores de cable. Un par de sentencias judiciales en su contra, impidiéndole operar como una teleco tradicional, marginaron a la compañía, que ve como competidores como Comcast acumulan 6.8 millones de clientes de VoIP en Estados Unidos.
YouTube

el mejor ejemplo de como la popularidad de una web no necesariamente va acompañada de la rentabilidad económica. Google difícilmente recuperará los 1.650 millones de dólares que desembolsó en noviembre de 2006 por la web de vídeos, que sigue experimentando con formatos publicitarios y contenido premium para intentar monetizar sus millones de visitas diarias.
Sirius XM

un sistema de radio por satélite que aspiraba a convertirse en un exitosos gadget. auque llegó a alcanzar casi 6 millones de suscriptores en los EEUU a finales de 2006, sus enormes deudas le alejan la rentabilidad, que lo analistas pronostican si logra alcanzar los 10 millones de suscriptores. Una cifra que las radios online le ponen muy difícil.
Zune

el reproductor multimedia de Microsoft nunca ha sido capaz de acercarse siquiera a las ventas del iPod de Apple, objetivo con el que fue diseñado. A pesar de ser un agujero en las cuentas de la compañía, Microsoft no tira la toalla y prepara una nueva versión (probablemente la última intentona) para después del verano
Palm

la que durante años fuera líder en el sector de las PDAs, ha visto como Apple y RIM la relegaban a un papel secundario, amenazado incluso por Nokia y otros fabricantes de smartphones. Palm tardó en darse cuenta de que los usuarios querían en un mismo aparato tráfico de voz y de datos, y lo paga ahora.
Iridium

Motorola creó esta compañía de telefonía por satélite, con el ambicioso proyecto de ofrecer cobertura universal para las llamadas entre móviles. Para funcionar, necesitaba de una red de 66 satélites; el coste de crear este sistema (una deuda de 1.500 millones de dólares) y apenas 10.000 usuarios llevaron en 1999 a una de las mayores bancarrotas de la historia en los EEUU.
Segway

el transporte que aspiraba a revolucionar la forma de movernos por las grandes ciudades. Pocos estuvieron dispuestos a gastarse 6.000 euros en un aparato difícil de manejar y que no garantizaba la estabilidad del conductor, qu podía irse al suelo al menor despiste. Entre 2001 y 2007 el fabricante apenas vendió 30.000 unidades.

¿Genera adicción?


¿Genera adicción?


Mientras en países como China crecen los centros de rehabilitación para adictos a la web, cada vez son más los especialistas en todo el mundo que aseguran que tal patología no existe. Un debate que lleva años y tiene su propia historia

Todo comenzó en 1995, cuando a un psiquiatra de Nueva York llamado Ivan Goldberg se le ocurrió armar una broma para sus colegas. Había leído la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales o DSM, la biblia de la Psiquiatría moderna, y decidió inventar una enfermedad para que sus pares debatieran sobre ella.

Hablaba de ansiedad, necesidad de conectarse horas y horas, movimiento involuntario de los dedos para escribir e incluso animaba a crear un grupo de cíber adictos anónimos. Ivan Goldberg estaba tranquilo y orgulloso de su ocurrencia, pero a los pocos días de haber colgado esta “broma” en su web recibió cientos de mensajes de personas que decían sufrir ese problema que él describía. La adicción a internet. La idea se fue extendiendo y ese mismo año la psicóloga Kimberley Young, un referente en la materia, fundó el Centro para la Recuperación de la Adicción a internet. El término adicción a internet se fue popularizando y los medios de comunicación se hicieron eco como una verdadera bola de nieve.

Quince años después, la llamada adicción a internet sigue sin aparecer en los manuales de diagnóstico de desórdenes mentales. Es más: varios psiquiatras en todo el mundo aseguran directamente que se trata de un disparate. Y muchos ponen el ejemplo del periódico: puede haber gente que necesite todas las mañanas leer el diario, y que si no lo hace hasta sentirá que le falta algo, pero no por eso puede llegar a existir una adicción al periódico.

Uno de los primeros que alertó sobre esta broma fue el psiquiatra Facundo Fora, miembro de la clínica Teknon de Barcelona. Fue precisamente en un congreso sobre internet y nuevas tecnologías que se llevó a cabo en España, donde Fora abrió la polémica: “La adicción a internet actualmente es un mito”.

Según declaró, la gran mayoría de internautas que buscan ayuda médica en realidad son adictos al sexo o al juego (porque visitan casi exclusivamente sitios pornográficos o casinos online) y sufren problemas psicológicos que no son causados por internet, como fobia social o trastorno obsesivo compulsivo. La web sería, entonces, nada más que un vehículo. En otras palabras: si alguien es adicto al agua, no hay que echarle la culpa al vaso.
En la Argentina esa polémica ya desembarcó, y no fueron pocos los especialistas que se negaron a tratar este tema como si fuera una patología. Según muchos profesionales del medio local, no se puede hablar de adicción porque internet no es una sustancia como el alcohol, el tabaco o la cocaína.
Claro que no todos opinan lo mismo: desde el Plan Provincial de Adicciones de Mendoza, por caso, el psicólogo Miguel Conocente llegó a decir que la “ciberadicción” existe. “internet es totalmente adictiva. Traté a 9 personas que se pasaban no menos de 10 horas diarias conectadas. Constituían claramente casos de adicción.

No soportaban no estar conectados y cuando no lo estaban mostraban los síntomas de abstinencia de un adicto: sudoración en las manos, palpitaciones, irritabilidad y cero tolerancia a la frustración”.

No es el único que piensa en esta sintonía. Desde la dirección del posgrado en Adicciones de la Universidad del Salvador, de hecho, también se está de acuerdo con que, más allá de si existe como tipología, internet crea adicción. “Hay gente que tiene problemas en su vida y encuentra en internet un mundo de fantasía, un refugio fascinante que les permite huir de la realidad”, se apunta (Ver “La web crea...”) Laura Siri, por su parte, autora del libro “internet: búsquedas y buscadores”, está convencida de que la “ciberadicción” no es más que un mito: “Es algo que inventó algún psiquiatra que quería ganarse sus buenos dólares”. Cuando se ideó esta supuesta patología se decía que pasarse conectado más de 38 horas semanales debía considerarse como una conducta adictiva.

Enrique Carrier, director de la consultora Carrier y Asociados, supera por cuestiones de trabajo esa marca.

Pero está lejísimos de verse como un “ciberadicto”. “Es tan disparatado como decir que soy un adicto al escritorio porque me paso el día trabajando en el escritorio”.

Los síntomas que describía Goldberg en su broma despertaron sin embargo todo tipo de análisis: disminución generalizada de la
actividad física y de la sociabilidad, deseo permanente de estar frente a la computadora y cambios drásticos en los hábitos de vida. En nuestro país, como se dijo, la polémica hace tiempo que viene creciendo y aún no tuvo un corte definitivo. Según un estudio reciente de la consultora D’Alessio Irol, existen más de diez millones de usuarios de internet en Argentina. ¿Cuántos de ellos serían adictos?

No se sabe, pero existen números que orientan. Por ejemplo, un 25% de los internautas consultados afirmó que no podría estar más de un día desconectado, y un 13% dijo que lo toleraría solamente algunas horas. Además, hay dos millones de argentinos que usan internet más de seis horas diarias. ¿Son ellos verdaderos ciberadictos?

“De ninguna manera -opina María Inés Gil, psicóloga especializada en adicciones-. El término ‘adicción a internet’ fue originalmente una de esas bromas que terminan dando la vuelta al mundo varias veces por correo electrónico. En el mensaje se decía irónicamente haber descubierto un nuevo síndrome, el Síndrome de adicción a internet, y proponía crear nada menos que en la web el primer cibergrupo de ciberadictos anónimos. Algo así como la primera asociación de alcohólicos anónimos que se reúne tomando copas en un bar”.

Para la especialista, “hay muchas clínicas virtuales que hacen sus buenos negocios tratando este síndrome, pero no es una patología que figure en el DSM y los centros de rehabilitación de China o Japón son a mi criterio una cuestión puramente comercial.

Lo que sí hay, creo, es una utilización excesiva de internet, pero no adictiva. Una cosa es el exceso y otra muy distina la adicción”.

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